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¡¿HOMO SAPIENS?!

12 Mar

Llegando el momento de tener una criatura, estoy continuamente leyendo cosas sobre bebes, el fascinante mundo del bebé, y a ver la gran industria del bebé (tiendas, foros, … de miles de objetos innecesarios).

Como todo lo que me pasa en mi vida, me encanta buscar información, formación, puntos de vistas, etc., para luego poder sacar una conclusión más o menos acorde con mi sentir y el conocimiento ya preexistente.

Algunas personas pensarán que para ser mamá, no hay que informarse ni tan siquiera formarse, pues dejándote llevar por tú instinto tienes suficiente. Pero esto serviría si viviéramos aisladas de todas las influencias sociales que nos rodean, como por ejemplo comentarios de amistades, de familiares (que vienen todas con una carga posible de un tipo de crianza), de anuncios (potitos, leches artificiales, accesorios para bebes, etc.), documentales, películas y un largo etc.

La institución familiar está en pos de todas las personas, es decir, está continuamente alimentándose de la sociedad en la que vive, y muchas veces hacemos cosas sin saber las consecuencias que pueden acarrear.

Algo que me pasó a mí personalmente fue que en cuanto dije que estaba embarazada el primer consejo que me dieron fue: “no lo tengas en brazos todo el tiempo, pues se mal acostumbran”. Comentario que siempre he escuchado y que nunca he comprendido, pues con mi propio hermano, que me llevo cinco años, siempre que estaba en casa lo tenía en brazos, y él nunca se mal acostumbró.

Esta frase me transmite más la asombrosa idea de comparar a los bebés con meros objetos, ahora te cogo y ahora no te cogo, pues cuando quiera jugaré contigo, o bien te mostraré a familiares, y amigos como si de una adquisición preciadas fueras.

Leyendo, mirando y escuchando he sacado en conclusión varias cosillas: Sigue leyendo

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Separaciones Tempranas

23 Nov

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La necesidad básica primordial de todo niño humano, es el contacto corporal y emocional permanente con otro ser humano. No es más complicado que “eso”. Sin embargo, algo que debería ser sencillo y espontáneo, lo hemos convertido en un problema. Casi todos apuntamos a que el niño pequeño “no nos moleste”. Es extraño. Ninguna otra especie de mamíferos pretendería algo tan insólito de su propia cría. Pero para los humanos es común determinar que lo mejor es “dejarlo llorar”, “que no se mal acostumbre” o “que no se vuelva caprichoso”. Y nos resulta totalmente habitual que el cuerpo del niño esté separado: Solo en su cuna. Solo en su cochecito. Solo en su sillita.

Apenas nace, suponemos que debería dormir solo. Crece un poco, y ya opinamos que es grande para pedir brazos o mimos. Y si crece un poco más, es grande para quedarse en casa. Luego es grande para llorar. Después es grande para no quedarse en una fiesta de cumpleaños. Y por supuesto, siempre es grande para hacerse pis, o para tener miedo de los mosquitos o para no querer ir a la escuela. Si todo lo que necesitaba desde el momento de su nacimiento fue contacto y no lo obtuvo, sabe que su destino es quedarse solo. La necesidad de contacto no desaparece al no obtenerla, entonces su mejor opción será cambiar el modelo de llamada hacia un sistema más “escuchable” para el adulto y posiblemente más molesto. Generalmente el niño enferma. Casi todos los niños están enfermos de soledad. Pero los adultos no reconocemos en la enfermedad del niño, la necesidad desplazada de contacto y presencia.
Ahora bien, si cada uno de nosotros tuviésemos la valentía de recordar y sentir el dolor sufrido a causa de los métodos de crianza y educación que hemos padecido, y si pudiésemos ponernos las manos sobre el corazón y recordar las vejaciones, humillaciones y desamparos que hemos sufrido siendo niños, comprenderemos que todo esto se trata de una revancha. Descargamos la impaciencia, la incomprensión, la desdicha y el odio del que fuimos víctimas. Ahora pretendemos salvarnos y no tocar al niño, porque tocar nos duele. Nos duele el cuerpo rígido por falta de amor, nos duele la moral, nos duele el alma. ¿Estamos dispuestos a hacer algo por las futuras generaciones? Entonces resolvamos nuestro dolor infantil y pongamos nuestro cuerpo a disposición de quienes son niños hoy.